lunes, 31 de diciembre de 2018

Comenzando el año como un hijo de Dios

Te daré descanso, Yongsung Kim, óleo.
¿Quién es un hijo de Dios?

Podemos condensar la respuesta en un versículo:
"Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios" (Juan 1:12)
La Escritura nos dice que los hijos de Dios somos todos aquellos que lo recibimos, aquellos que creemos en Su nombre. Para poder recibir a Cristo en nuestras vidas primero tenemos que creer:

1. Que Dios existe
2. Que existen el Cielo y el Infierno.
3. Que Cristo, por amor, cargó con nuestro propio castigo, el castigo que merecemos por nuestros pecados, sobre la cruz. Él ya hizo todo lo era necesario, por eso solo nos pide creer.

Cuando creemos, podemos pedirle al Señor Jesús que nos limpie de todos nuestros pecados y que nos salve del Infierno. Así lo recibimos, en vez de rechazarlo. Hay una única cosa que determina dónde pasaremos la eternidad: ¿qué hiciste con Jesús? ¿lo recibiste o lo rechazaste? 

La Biblia dice que "si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo" (1 Juan 2:1). Me pregunto: ¿qué harán aquellos que no tengan quién los defienda? cuánta desesperación podrá llegar a sentir alguien que se enfrenta al juicio de Dios y entiende que su oportunidad para arrepentirse ya pasó? ¿que sus pecados lo condenan justamente al Infierno, para siempre, y que nunca quiso recibir a Aquel que podía hacerlo justo delante de Dios de forma gratuita?

Cruxificción, Antonello da Messina,
óleo, 1454-1455.
Leemos en el libro de Lucas, cómo Jesús fue cruxificado en medio de dos malhechores y lo que sucedió entre los tres personajes:
"Y uno de los malhechores que estaban colgados le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso" (Lucas 23:39-4, Biblia Reina Valera 1960).
Lo que este malhechor hizo fue reconocer a Cristo como Salvador, y pedirle que lo salvara. Y Jesús lo hizo. ¿Dónde creés que está ese malhechor? ¿Creés que siga siendo malhechor? Ese hombre reconoció su condición de pecador, se arrepintió justo antes de morir, recibió perdón de pecados, fue tomado por Dios como justo, recogido como hijo, y obtuvo la vida eterna... ¿qué pensás que haya sucedido con el otro malhechor? ¿dónde estará?

Pues nosotros mismos somos malhechores, y estamos muertos en nuestros delitos y pecados, y al igual que estos dos hombre que fueron colgados junto con Jesús, tenemos que tomar una decisión. Hoy es el último día de 2018, y lo mejor que te puede pasar no es irte de fiesta, ni estar con tu familia, ni comenzar un nuevo año lleno de sueños y metas, si no comenzar una nueva vida. Dios está esperando por vos, está esperando que des el paso hacia la salvación y evitar que tus pies se hundan en la condenación eterna.

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Atendiendo el llamado de Dios

¿Estás perdido?
El aprisco, Giovanni Segantini, óleo, 1887.

Mi única y última publicación fue en junio. ¿Por qué no volví a escribir? Por no confiar en mí mismo, por temor a no hacerlo bien y ser juzgado por otros... pero, ¿sabés qué? El único juicio que debe importarme realmente es el de Dios. De modo que me había estado "haciendo el ruso"*, pero Dios me ha movido nuevamente a escribir.

Dios me está diciendo: "escribí, porque este es un medio que te he confiado para dar testimonio de Mí". A Dios le importan las almas, y busca su salvación. 

Recordemos la famosa parábola de las 99 ovejas:
"Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come. Entonces él les refirió esta parábola, diciendo: ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido. Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento" (Lucas 15:1-7. Biblia Reina Valera 1960).
Cristo como el Buen Pastor, Phillippe de 
Champagne, óleo, pintura del siglo XVII.
Una vez alguien me confesó sentirse ofendida por esta analogía con las ovejas. Yo creo que es una parábola hermosa. Un buen pastor ama profundamente a sus ovejas, y esta cita lo pone de relieve. Cuando nos descarriamos o estamos apartados de Dios, Él, que es el Buen Pastor, sale a buscarnos. Nos busca con ahínco, nos llama, inquieta nuestro corazón hacia las cosas de Dios, pone personas para que nos hablen, nos muestra su grandeza a través de las cosas creadas, nos da sueños, etc.

Tal vez vos, que estás leyendo, seás ese joven o esa joven que Dios está buscando, y Él me pidió a mí amablemente escribirte. Si sentís que Dios te está hablando por medio de este blog, te sugiero lo siguiente:

1. Buscá a Dios en intimidad. Puede ser en tu cuarto, o en un lugar apartado y tranquilo. Cuandos estés ahí, hablá con Dios. Orar significa hablar. 

2. Necesitás pedir perdón por tus pecados, y arrepentirte.  Dios conoce cada uno de tus pecados, pero está esperando que los confesés para borrarlos de su "lista de pecados". El pecado nos separa de Dios, de modo que sin perdón de pecados no podremos tener una relación con Dios. Arrepentirse significa cambiar de actitud. No significa que no vas a volver a caer en un pecado, sino que ahora buscás evitarlo, quitás de tu vida todo aquello que te induzca a caer, pedís ayuda a Dios y te apartás del mal. Dios perdonará todos tus pecados pasados, no importa lo graves que puedan parecer. Mirá lo que dice la Biblia:
"El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados" (Miqueas 7:19).
3. Debés recibir a Cristo, como tu Salvador, y como el Señor de tu vida. Cristo perdona nuestros pecados,  nos salva de la condenación del infierno, nos limpia y nos da la oportunidad de vivir para siempre, eternamente. El requisito es creer con el corazón que Él murió en la cruz para pagar el precio que vos y yo debíamos pagar. Él lo hizo, y lo hizo porque te ama, porque sos su oveja valiosa, y quiere tomarte en sus hombros para llevarte a casa. Vos no fuiste hecho para descender al infierno, sino para heredar el reino de los cielos, donde ya no habrá sufrimiento ni muerte.

Debés confesar con tu boca que Cristo es tu salvador, y creer que Dios lo resucitó de entre los muertos, para ponerlo por Señor de todas las cosas creadas. Él ahora será tu Señor, tu Guía, tu Maestro, tu Amigo, tu Consejero, tu Padre. Cuando esto sucede, nacemos de nuevo. Una vez nacimos de la carne, pero ahora nacerás del Espíritu. La vida espiritual te espera.

Después de recibir a Cristo y nacer de nuevo, los pecados que cometamos serán cubiertos por su sangre, siempre y cuando los confesemos y pidamos genuinamente perdón. 

4. Leé la Biblia. La Biblia es la Palabra de Dios. Fue escrita por el Espíritu Santo, valiéndose de hombres santos**. A través de la Biblia Dios te habla. Él puede enseñarte, corregirte, reprenderte, e instruirte. Tampoco te olvidés de orar. Por medio de la oración nos comunicamos con Dios. Dios atenderá tus oraciones. Él no es un dios de madera o cemento... ¡Él es el Dios Vivo!

5. Buscá una iglesia cristiana donde podás congregarte y recibir instrucción. Sería bueno que pidieras a Dios por una persona que te discipule. Él ya ha escogido a esta persona, solo está esperando que se lo pidás. También yo estoy para ayudarte y hablar más sobre los temas que escribo, o cualquier otra cosa, solo tenés que contactarme. 

Una nueva vida está por delante para todo aquel que le entrega su vida al Señor... ¿atenderás Su llamado?


Trasquilando ovejas, Giovanni Segantini, óleo, 1883-1884.
* Hacerse el ruso significa estar consciente de una situación y no atenderla. Significa ser negligente. 
** Un hombre santo es todo aquel que ha nacido de nuevo. Los que hemos confesado a Cristo como Salvador y Señor y procuramos llevar una vida de santidad. Así como Pedro y Pablo fueron santos, lo soy yo, y vos, si le entregás tu vida a Cristo.