miércoles, 9 de enero de 2019

La importancia del perdón

¿Por qué perdonar?
El hijo pródigo, Bartolomé Esteban Murillo,
 óleo, 1667-1670

Jesús dijo: "Porque si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes el Padre que está en los cielos" (Mateo 6:14).

Además la Biblia nos declara en Proverbios 17:9: "El que perdona la ofensa cultiva el amor, pero el que insiste en la ofensa, aparta al amigo"

Yo creo que Dios nos pide perdonar porque sabe que es bueno para nosotros. Cuando perdonamos, los principales beneficiados somos nosotros.

En un artículo del número de enero de 1999 de la revista Prevention se mencionan algunos de los síntomas de la falta de perdón (Ethridge, 2004, p. 175). Entre ellos están: 
  • Ansiedad crónica
  • Depresión seria
  • Desconfianza general
  • Baja autoestima
  • Ira, odio y resentimiento
Perdonar refresca el alma, trae sanidad y vida. Son reconfortantes las palabras de Jesús en el siguiente extracto del evangelio de Mateo:
Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: ―Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano que peca contra mí? ¿Hasta siete veces? ―No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta y siete veces —le contestó Jesús—.
El número siete se usa de manera figurada en la Biblia para expresar infinitud. Lo que Jesús nos está diciendo es que debemos perdonar las veces que sean necesarias. Además, Él nos perdonará cuantas veces se lo pidamos de corazón. 

¿A quién perdonar?

Cuando guardamos rencor o falta de perdón en nuestro corazón es como retener veneno. Dios quiere sacar ese veneno de allí. Necesitamos perdonar a cada persona que nos haya ofendido o molestado, incluso cuando nos parezca inverosímil. Perdonar nos alivia a nosotros mismos. Podés entablar una conversación con Dios y contarle tu situación particular y tu decisión de perdonar a esa o esas personas que te hicieron daño. Luego Dios trae sanidad a tu corazón. El veneno se ha ido.

Pedir perdón

Cuando entré al colegio teníamos un compañero al que molestábamos más que a todos. Una vez, mientras caminaba detrás de él, lo insulté y escupí sus pertenencias. A mí también me molestaban, de modo que buscaba la manera de descargar mi odio. Mi compañero no hizo nada. Él tenía miedo de recibir más insultos o incluso agresión física. Hoy me pongo a pensar en lo que este chico de 13 años podía sentir... ¡tanto odio!... su autoestima debió estar por los suelos... cómo quisiera poder verlo nuevamente, después de todos estos años, y pedirle perdón. Mientras no lo vea, lo que puedo hacer es pedirle perdón a Dios por esa ofensa tan grande y traer la sanidad correspondiente a mi corazón. A Dios también le duele vernos actuar de maneras tan alejadas a como Él lo haría.

Perdonándonos 

También necesitamos perdonarnos a nosotros mismos. Muchas veces pasamos esto por alto. Perdonamos a otros, pero nos parece casi imposible perdonarnos por nuestros actos más perversos. Si Dios perdona todos los pecados, ¿por qué nosotros no nos perdonamos? El perdón de Dios sobre nuestras propias faltas es lo mejor que puede suceder a tu alma. 

Si no sabés cómo obtener perdón por todos tus pecados, podés ir a mi entrada en el blog sobre este tema: https://estoylocoporcristo.blogspot.com/2018/12/atendiendo-el-llamado-de-dios.html

El sueño de la razón produce monstruos, 
Francisco de Goya, punta seca, 1797-1799.
El engaño del enemigo

Algunas veces, a pesar de haber pedido perdón a Dios por ciertos pecados, seguimos sintiendo culpa. La palabra de Dios es clara: 
"Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos nuestros pecados y limpiarnos de nuestra maldad" (1 Juan 1:9).
Satanás puede traer pensamientos como "Dios no te ha perdonado", "lo que hiciste no tiene perdón", "estás sucio", etc. A mí me pasó mucho, especialmente cuando recién le entregué mi vida al Señor Jesús. Me seguía sintiendo culpable por mis pecados más oscuros, pero Dios fue claro y me dijo: "te seguís culpando por cosas que hiciste, pero Yo ya te perdoné". Dios escucha. Él es el Dios Vivo y Verdadero.

Cuando los pensamientos de culpa vengan a tu mente, debés ser sincero con vos mismo. Si ya confesaste tu pecado, entonces es un engaño de Satanás; reprende todo pensamiento falso en el nombre de Jesús y memoriza versículos clave que te ayuden en tu lucha contra el pecado. Si aún no lo has confesado, pide perdón al Padre en el nombre de Jesús.

Libros citados

Ethridge, S. (2004) La batalla de cada mujer. Colombia: Editorial Unilit.